El Albacete Balompié ha tocado fondo. Y lo ha hecho de la peor manera posible, ofreciendo una actuación bochornosa en el estadio José Zorrilla que terminó con una humillante derrota por 5-0 ante el Real Valladolid. El estreno liguero de Joseba Etxeberria, llamado a cambiar la dinámica del equipo tras la destitución de Alberto González, no pudo resultar más desastroso. El Alba fue un equipo irreconocible, superado en todas las facetas del juego, incapaz de competir y protagonista de una actuación indigna de la historia y el escudo que representa. Una derrota que va mucho más allá del marcador y que deja al club manchego sumido en una crisis deportiva de enormes dimensiones.
Si con Alberto González el Albacete mostraba, al menos, una propuesta reconocible, intentando llevar la iniciativa de los partidos y siendo castigado por sus errores en las áreas, lo visto este lunes en Valladolid representó un alarmante paso atrás. El Alba de Etxeberria no tuvo el balón, no tuvo personalidad, no tuvo respuesta defensiva y, durante buena parte del encuentro, ni siquiera pareció tener un plan para hacer daño a su rival. El cambio de entrenador, lejos de provocar la esperada reacción, desembocó en el peor escenario imaginable: una goleada de escándalo y una sensación de impotencia absoluta.
Un comienzo desastroso y otra lesión muscular
Desde el pitido inicial quedó claro quién iba a mandar sobre el terreno de juego. El Real Valladolid se adueñó del balón, marcó el ritmo del encuentro y comenzó a encontrar espacios ante un Albacete excesivamente replegado, que parecía haber viajado a Pucela con la única intención de resistir. El equipo manchego apenas encontraba soluciones para salir de su campo, mientras los locales movían el balón con comodidad ante la escasa oposición de los futbolistas blancos.
En el minuto 7 llegó la primera aproximación del Alba, una acción aislada que no sirvió para cambiar el guion del encuentro. Lo que sí llegó poco después fue otra noticia preocupante para un equipo que lleva demasiado tiempo conviviendo con los mismos problemas. Fran Gámez sufrió una lesión muscular en la zona de los isquiotibiales después de una carrera, cuando apenas se habían disputado diez minutos. El lateral tuvo que abandonar el terreno de juego y fue sustituido por Agustín Albarracín.
La situación resultaba especialmente desesperante por su reiteración. Los problemas musculares, que ya castigaron al Albacete durante la pasada temporada y que han seguido apareciendo en el comienzo de la actual, volvieron a dejar a un futbolista fuera de combate. Un problema recurrente que el club no consigue atajar y que merece una explicación mucho más profunda que la simple acumulación de partes médicos. Apenas había comenzado el encuentro y el Alba ya tenía que afrontar una nueva baja. Y lo peor estaba todavía por llegar.
El Valladolid destroza a un Albacete que hacía aguas por todas partes
En el minuto 13, el Real Valladolid encontró el primer gol después de un error de Víctor Valverde, que perdió un balón que acabó convirtiéndose en una oportunidad inmejorable para los locales. Thiago Ojeda llegó hasta la línea de fondo y puso un magnífico centro que Ponceau remató de cabeza para superar a Diego Mariño. El 1-0 reflejaba lo que estaba sucediendo sobre el césped y dejaba al Albacete nuevamente por detrás en el marcador, con un futbolista lesionado y sin ofrecer una sola señal de reacción.
La misma historia de siempre, pero esta vez con una diferencia todavía más preocupante: el equipo ni siquiera estaba compitiendo. El Real Valladolid había localizado además un auténtico filón en la banda izquierda de la defensa manchega, convertida en un coladero por el que los pucelanos entraban una y otra vez mediante combinaciones rápidas. Las ayudas defensivas brillaban por su ausencia y cada avance local transmitía una sensación de peligro que el Albacete era incapaz de controlar.
En el minuto 21 llegó el segundo golpe. Un saque de esquina permitió al Real Valladolid volver a castigar la fragilidad defensiva visitante. Diego Mariño realizó una salida absolutamente desafortunada, saliendo a por uvas en una acción en la que el portero debía imponer su autoridad, y David Torres aprovechó el desconcierto general para marcar de cabeza. La defensa manchega completó el desastre con una pasividad impropia de un equipo profesional, incapaz de proteger su área en una jugada a balón parado.
Con el 2-0 en el marcador, el Albacete estaba completamente a merced de su rival. El planteamiento de Etxeberria, basado en esperar atrás y renunciar al protagonismo que al menos intentaba tener el equipo con su anterior entrenador, había fracasado de manera estrepitosa. El Alba no defendía bien, tampoco conseguía salir al ataque y había entregado por completo la iniciativa a un Valladolid que encontraba espacios con una facilidad insultante.
Cuatro goles en 36 minutos: una vergüenza sin paliativos
Lejos de detenerse, el espectáculo defensivo continuó empeorando. En torno al minuto 30 llegó el tercero del Real Valladolid, después de una acción que volvió a dejar en evidencia a la retaguardia manchega. El conjunto local combinó a placer, con Víctor Fernández convertido en director de orquesta, y encontró a Arnu después de ganar nuevamente la espalda a una defensa que ofrecía facilidades propias de categorías de formación. El delantero no perdonó y estableció un 3-0 que comenzaba a convertir la derrota en un ridículo de enormes proporciones.
El Albacete estaba mostrando su peor cara de la temporada precisamente en el encuentro que debía servir para comenzar una nueva etapa. Ni intensidad, ni contundencia, ni orden táctico, ni capacidad para frenar a un rival que parecía jugar sin oposición. Resultaba difícil encontrar un solo argumento positivo en la actuación manchega, y todavía más complicado comprender cómo un equipo que necesitaba desesperadamente puntuar podía ofrecer semejante nivel competitivo.
En el minuto 34 apareció una de las escasísimas acciones de peligro del Albacete. Víctor Valverde conectó un buen disparo que terminó estrellándose contra el larguero, una oportunidad que podría haber servido para recortar diferencias y ofrecer alguna esperanza de reacción. Sin embargo, aquella ocasión no fue más que un espejismo dentro de una primera mitad absolutamente desastrosa.
Porque apenas dos minutos después llegó el cuarto. El Real Valladolid volvió a ganar la espalda a la defensa manchega, esta vez aprovechando el costado derecho de su ataque, y colocó otro balón en el área que encontró a Latasa completamente preparado para rematar a placer. El delantero estableció el 4-0 en el minuto 36 ante una defensa nuevamente desbordada, incapaz de anticiparse y de ofrecer la mínima resistencia.
Cuatro goles encajados en apenas 36 minutos. Cuatro golpes que dejaban al desnudo todas las carencias del Albacete y que convertían su actuación en una de esas tardes que ningún aficionado merece presenciar. El resultado era demoledor, pero todavía lo era más la forma en la que se estaba produciendo. El Valladolid no necesitaba hacer nada extraordinario para encontrar ocasiones, porque el equipo manchego se encargaba de facilitarle prácticamente todo.
Los últimos minutos de la primera mitad transcurrieron con la misma superioridad local. Lejos de acercarse el gol del Albacete, la sensación era que el quinto del Valladolid podía llegar en cualquier momento. Los pucelanos seguían encontrando facilidades para rematar y hasta estrellaron un balón contra la madera, mientras los futbolistas manchegos esperaban el descanso como única salida a una primera parte para olvidar.
Ni siquiera el descanso cambió la vergonzosa actuación
El paso por vestuarios no modificó absolutamente nada. Quien esperara una reacción de orgullo del Albacete, un cambio de actitud o alguna corrección táctica capaz de frenar la sangría, se encontró con la continuación del mismo desastre. El Real Valladolid regresó al terreno de juego dispuesto a ampliar su ventaja y el equipo de Etxeberria continuó convertido en un juguete roto en manos de los futbolistas locales.
En el minuto 55 llegó el quinto tanto, obra nuevamente de Arnu, que completó su doblete tras una asistencia de Víctor Fernández. El 5-0 terminó de certificar una humillación futbolística de dimensiones extraordinarias y dejó al descubierto la absoluta incapacidad del Albacete para frenar a un rival que hacía prácticamente lo que quería sobre el césped del José Zorrilla.
Lo más preocupante no era únicamente el marcador. Era la falta de intensidad, la ausencia de respuestas y la inexistente sensación de rebeldía de un equipo que parecía resignado a su suerte. No se vio el orgullo, la entrega ni el compromiso competitivo que exige vestir la camiseta del Albacete Balompié. Perder forma parte del fútbol, incluso hacerlo por una diferencia amplia, pero la manera en la que el conjunto manchego se dejó superar este lunes resulta inadmisible para un club con su historia y su afición.
Etxeberria intentó mover el banquillo en el minuto 59 con las entradas de Álex Rubio y Sergio Ortuño en sustitución de Rober y San Bartolomé. Más tarde también tuvieron minutos Javi Villar y Daniel Bernabéu, pero las modificaciones no consiguieron cambiar el escenario. El equipo continuó sin encontrar soluciones ofensivas ni ofrecer la contundencia necesaria para competir con un mínimo de dignidad.
Los minutos fueron pasando con un Valladolid que, con el encuentro completamente resuelto, se limitaba a administrar su enorme ventaja y que incluso pudo ampliar la goleada casi sin proponérselo. Enfrente, el Albacete intentaba maquillar el marcador con tímidas aproximaciones que apenas inquietaban a la defensa local. La diferencia entre ambos conjuntos era tan evidente que el tramo final se convirtió en una lenta espera hasta el pitido definitivo.
Un ridículo que exige responsabilidades
El final del encuentro certificó una de las actuaciones más lamentables que se le recuerdan al Albacete en los últimos tiempos. El 5-0 no admite excusas ni interpretaciones benévolas: el equipo fue ampliamente superado, resultó incapaz de competir y terminó ofreciendo una actuación vergonzosa. La goleada deja más dudas que nunca sobre el presente y el futuro inmediato del conjunto manchego, que continúa sin conocer la victoria después de nueve jornadas.
La destitución de Alberto González pretendía provocar un cambio de rumbo, pero el estreno liguero de Joseba Etxeberria ha ofrecido una versión todavía más preocupante del Albacete. Con el anterior entrenador, los errores en las áreas condenaban a un equipo que, al menos durante muchas fases de los encuentros, conseguía ser protagonista. En Valladolid desapareció incluso aquello. El Alba renunció al balón, se encerró atrás y acabó recibiendo cinco goles, demostrando que defender más cerca de la portería propia no significa necesariamente defender mejor.
Sería injusto responsabilizar exclusivamente al nuevo entrenador de todos los problemas que arrastra el club, pero tampoco puede ignorarse el fracaso absoluto de su planteamiento en el José Zorrilla. La responsabilidad alcanza también a unos futbolistas cuyo rendimiento estuvo muy lejos de lo exigible y a una planificación deportiva que, a la vista de los resultados, no está ofreciendo las soluciones necesarias. Las continuas lesiones, las enormes debilidades defensivas y la alarmante fragilidad competitiva llevan demasiado tiempo formando parte del día a día del equipo.
El Albacete Balompié no puede normalizar semejante espectáculo. Su afición merece explicaciones, soluciones y, por encima de todo, un equipo que salga al terreno de juego dispuesto a competir. Lo sucedido en Valladolid no fue simplemente una derrota más ni un mal día aislado. Fue una humillación deportiva que debe obligar a una reflexión profunda dentro del club, porque cambiar al entrenador no sirve de nada si el resultado es un conjunto todavía más vulnerable y desdibujado.
El pitido final dejó un marcador sonrojante y motivos más que suficientes para el monumental enfado de los aficionados albaceteños que siguieron el encuentro. El Alba salió de Valladolid sin puntos, sin respuestas y con su credibilidad deportiva seriamente dañada. La situación es crítica y la reacción no puede seguir esperando, porque lo visto este lunes en Pucela estuvo muy lejos de lo mínimo que merece la historia del Albacete Balompié.
Ficha técnica
Real Valladolid (5): Aceves; Iván Alejo, Tomeo, David Torres, Garriel; Jurić, Thiago Ojeda (Lachuer, min. 61), Víctor Fernández (Yeray, min. 74), Ponceau (Barberá, min. 67), Arnu (De Rooij, min. 67) y Latasa. También jugó Homam (por Garriel, min. 74).
Albacete Balompié (0): Diego Mariño; Fran Gámez (Albarracín, min. 14), Lluís López, Vallejo, Carlos Neva; Pacheco (Javi Villar, min. 77), San Bartolomé (Sergio Ortuño, min. 59); Corpas, Rober (Álex Rubio, min. 59), Víctor Valverde (D. Bernabéu, min. 77) y Soberón.
Goles: 1-0, Ponceau (min. 13); 2-0, David Torres (min. 21); 3-0, Arnu (min. 30); 4-0, Latasa (min. 36); 5-0, Arnu (min. 55).
Árbitro: Daniel Miranda, del Comité Extremeño. Asistido por Álvaro González y Rodrigo Blázquez. VAR: Iván Caparrós.
Tarjetas amarillas: Pacheco (min. 30), Albarracín (min. 40), Corpas (min. 43) y Sergio Ortuño (min. 63), por el Albacete. De Rooij (min. 83), por el Real Valladolid.
Incidencias: Partido correspondiente a la novena jornada de LaLiga Hypermotion 2026/2027, disputado el lunes 12 de octubre en el estadio José Zorrilla de Valladolid. Primer encuentro liguero de Joseba Etxeberria al frente del Albacete Balompié tras la destitución de Alberto González.























































































































