Parece mentira que la situación de la sanidad en Albacete haya llegado a los niveles de degradación que los albaceteños nos vemos obligados a soportar. El enquistamiento de las obras del Hospital General y el hacinamiento en el servicio de Urgencias no son más que la punta del iceberg (una punta no pequeña, bien es cierto), de un problema que afecta a toda la sanidad en la provincia, en todos sus niveles y en todos los ámbitos geográficos.
La administración competente en esta materia, que es la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha, ha acumulado largos años de ineficacia y de insuficiencia inversora. Las carencias en material y edificios son enormes, sólo comparables a la escasez en las plantillas. Los profesionales hacen lo que pueden, dando la mejor cara y atendido a los pacientes en la medida de sus posibilidades, pero las carencias son tantas que las listas de espera crecen y la calidad de la atención declina a toda velocidad.
Cualquier servicio público es importante, y todos son un derecho de los ciudadanos, que para eso pagan sus impuestos, no precisamente bajos en nuestra región. Todos los servicios públicos son importantes, pero parece mentira que los responsables de gobierno regional no se den cuenta de que la sanidad debe ser prioritaria, porque afecta a nuestra salud y en definitiva a nuestra vida.
Empeñarse en reformar y ampliar el hospital, en lugar de construir uno nuevo como muchos reclamaban, fue una decisión errónea de la Junta, pacata y corta de miras. Pero al menos podrían ser más eficaces a la hora de gestionar estas obras, que fueron adjudicadas tras muchos retrasos hace cinco años, y a las que no se les ve el final. Hay que invertir más dinero para agilizar las obras, eso es evidente. El pasado mes de agosto, desde la Junta presumían de que las obras estaban ejecutadas al 34%: a ese ritmo nos quedan aún ocho o diez años más para ver terminadas las obras (el que aguante). Más que la obra del hospital, parece la obra de El Escorial. Intolerable.
Claro que, ¿cómo podemos esperar eficacia en la gestión de unas obras complejas, cuando ni siquiera son capaces de cubrir las bajas de médicos o de enfermeras y resto de personal sanitario, ni de tener ocupadas todas las plazas de una plantilla de por sí insuficiente?
La sanidad en Albacete está bajo mínimos: cualquier que tenga ojos para ver y oídos para oír lo comprueba y lo sufre a diario, y resulta perentorio buscar soluciones de gestión que no den por buena la actual situación tercermundista. Van a cumplirse diez años desde que García-Page está al frente del Gobierno de Castilla-La Mancha, así que nuestro presidente tiene difícil escurrir el bulto y echarle la culpa al lucero del alba, como tiene por costumbre.
Me cuesta pensar que los responsables de la Junta actúen así por maldad o por desprecio a los ciudadanos. Prefiero pensar que es pura incapacidad y parálisis política. Creo, sinceramente, que no dan más de sí. Lo malo es que todos sufrimos en nuestras carnes las consecuencias de su inutilidad.
Vicente Aroca Sáez