Terminamos este miércoles con la noticia de que el Presidente del Gobierno de España, Pedro Sánchez, ha anunciado que se plantea renunciar a su cargo tras conocerse la investigación abierta por un juzgado a la mujer del propio Sánchez, Begoña Gómez, por presunto tráfico de influencias y corrupción tras conocerse por algunos medios de comunicación supuestas reuniones de la mujer de Sánchez con Carlos Barrabés y Víctor de Aldama. Se trata de determinar si se produjo algún tipo de delito en su actuación y sus relaciones con Globalia o Air Europa y, en concreto, por las cartas que remitió a favor de empresarios que terminaron siendo adjudicatarios de contratos públicos del ejecutivo de Sánchez. Los denunciantes, el sindicato Manos Limpias, en mi opinión, no es que sean la mejor carta de presentación para una denuncia, pero es que la ha admitido un juez, y eso ya es otra cosa, aunque me temo que ese juez va a tener ahora un escrutinio exhaustivo de su actividad judicial para ser desprestigiado o llevado a los altares, según los intereses de cada uno.
La Justicia será la encargada de investigar y determinar si hay algo punible en las actuaciones de la mujer del Presidente del Gobierno, pero el hecho de abrir la vía judicial ha sido suficiente para que Sánchez, el mismo día que se conoce la decisión, haya decidido que se va a tomar un tiempo para decidir, es decir, que no ha decidido nada aún. Resulta extraño que un Presidente del Gobierno anuncie un periodo de reflexión y no una decisión tomada. Esto me hace pensar que el objetivo principal de Sánchez es que los cinco días que se tomará para “reflexionar” se conviertan en un baño de masas en la que se visualice un gran apoyo que le “obligue” a seguir “por el bien del país”.
Otro de los objetivos de la carta de Sánchez, en mi opinión, podría ser eclipsar la que hasta ese momento era la noticia del día, que no era otra que la investigación judicial a su mujer, algo que sin duda ha conseguido. A esta hora todo el mundo habla de la carta de Sánchez, dejando en un segundo plano la investigación judicial a su mujer.
Además, resulta curioso, y quizá sea una casualidad, o no, que solo hayan pasado unos días desde que conocimos la reapertura de la investigación del hackeo del móvil del Presidente tras tener Francia nuevos datos que podrían aportar luz sobre quién espió el terminal de Pedro Sánchez durante todo un año. ¿Tendrá relación con la carta?. Aquí lo dejo para añadir más picante al contexto y alimentar a los conspiranoicos, o no tanto.
Dicho todo lo anterior, y creyendo que la carta de Pedro Sánchez es una cortina de humo que pretende activar a los más cafeteros, la política española se está convirtiendo en un auténtico lodazal en el que unos arrojan “mierda” a otros sin importar poco, o nada, los problemas de los ciudadanos. Ahora vivimos la época de los “consortes” y los partidos disparan a matar a las parejas. La mujer de Sánchez y el novio de Ayuso se han convertido en piezas de caza mayor para terminar obteniendo la cabeza del político. Parece que todo vale y las consecuencias las vamos a pagar todos los ciudadanos cuando la gente brillante no quiera entrar en política porque, lógicamente, no deseen verse sometidos a un lodazal que no solo les afecte a ellos, si no que también lo hará a sus familias. Nos vemos abocados a ser gobernados por mediocres y controlados por una oposición también mediocre y así solo tendremos un país mediocre.
No hay que mirar solo a la política nacional para darnos cuenta de lo bajo que se puede llegar a caer con el objetivo de que la vida privada se convierta también en objeto de noticia para desprestigiar a un político. Eso lo hemos vivido en Castilla-La Mancha hace pocas fechas con la persecución asquerosa que sufrió Emiliano García-Page para intentar arrojar fango sobre su vida personal. Las urnas acabaron demostrando que los ciudadanos no son imbéciles, pero seguro que estas cosas le hacen reflexionar a uno si realmente merece la pena la difamación pública o se estaría mejor ganando más dinero en la empresa privada y con menos «basura».
Volviendo al tema del día, es evidente que si alguien ha cometido un delito debe someterse a las leyes, sin que ser pareja de alguien, se apellide Sánchez o Ayuso, sirva de salvoconducto para delinquir, pero tampoco tiene que ser un lastre en su defensa, en la presunción de inocencia o en la privacidad de sus datos o comunicaciones con Fiscalía, Agencia Tributaria o cualquier organismo oficial. Si perdemos la confianza en estos, estamos perdidos como democracia.
Ahora solo resta esperar al lunes y ver qué ha decidido Sánchez, aunque como les he dicho mi pronóstico es que seguirá en la Presidencia en loor de multitudes en un nuevo capítulo de su Manual de Resistencia.
Javier Romero
Director de El Digital de Albacete